3 de marzo de 2007

Mujeres y memoria

LLum Quiñonero:Periodista y escritora Española

Nosotras Que Perdimos la Paz
"...Nací en 1954. Crecí en un escenario repleto de silencios. Al lado de la casa de mis abuelos, donde pasé mi mejor infancia, vivía una anciana de pelo blanco, la señora Amalia, a la que no se me permitía acercarme a pesar de que era una mujer dulce que siempre me trataba con cariño. Supe muchos años después que se decía de ella que había sido miliciana; miliciana y puta, que venía entonces a significar lo mismo, cargados ambos calificativos con el mismo estigma.
Jugué entre los túneles que habían servido de refugio contra las bombas de Franco, pero no logré arrancarle a los míos ni una palabra acerca de qué había sido la guerra, más allá del hambre y del terror que habían pasado. Tuve que llegar a la Universidad para empezar a atar cabos. Los almendros del paisaje de mi infancia, en el huerto de mis abuelos, habían sido el lugar donde el 30 de abril de 1939 se llevaron a los miles de republicanos atrapados en el puerto de Alicante que esperaban barcos que les salvaran del fascismo. Mi madre, que entonces tenía 13 años, me habló, hace apenas diez años, del espanto que le causó el rumor de sus voces. He escrito Nosotras que perdimos la paz por pura necesidad. Necesidad de saber, de escuchar, de conocer. Porque crecí sin escuchar a las mías contar su historia, la que fuera. Porque en los años setenta empecé a luchar por los derechos de las mujeres y pensé, en mi supina ignorancia, que empezábamos desde cero, sin saber que el cero no existía. Porque quería resarcirme de tanta mentira. Porque necesitaba darme el gusto de conocerlas y de escucharlas. Porque, como tantas otras periodistas, escritoras, historiadoras, obreras, militantes y ciudadanas sin más, necesitaba que la propia historia me transitara. Pero este libro es también un libro militante de la vida. Con sus historias quiero llegar al corazón de cada lector y lectora, compartir el gustazo de ser personas libres en una sociedad democrática, celebrarlo como una victoria política, pero también como una conquista diaria y personal que nos corresponde a cada cual ejercer a ciencia cierta.
Las protagonistas de este libro, y muchas otras miles, perdieron mucho más que la guerra: perdieron la paz necesaria para sobrevivir con sosiego a las tragedias de la vida. Mientras ellas no tenían derecho a ser quienes eran, a nosotras trataban de educarnos sumisas, limitadas, servidoras de los hombres y de los poderosos, permanentes menores de edad. La Sección Femenina fracasó en muchos frentes, gracias a Dios, también en ése. Esta tarde quiero celebrar con vosotras la libertad que disfrutamos; somos mujeres de pleno derecho. Aquellos objetivos que perseguían las Mujeres Libres han sido alcanzados. Todos, hombres y mujeres, vivimos en una sociedad en la que la ley ampara nuestra libertad. Merece la pena no olvidarlo, por muchas que sean las dificultades que encontremos en el camino. Quiero acabar con los versos que la anarquista Soledad Estorach le enviara a su amiga y compañera de Mujeres Libres Conchita Liaño en 1985, poco antes de morir, y que abren mi libro:
Nuestras alas truncadas, pero alas al fin, son un tesoro inapreciable. Con ellas, hasta en la noche hay luz. La desgracia hubiera sido haberlas perdido. O no haberlas tenido nunca.